Moderación: cordura, sensatez o templanza en las palabras o acciones. Así lo plantea la RAE y así parece que el PP está llevando sus nuevos ideales políticos. No acabó de cuajar en las elecciones de Castilla-León, pero hemos visto el efecto Feijoo en plenitud en las elecciones andaluzas.  

Parece que el ciudadano valora la calma después de una década de tempestad. Diez años en los que nos hemos visto abocados a una situación en la que todos los partidos, sin dejar uno, han convertido el hemiciclo en un patio de colegio. El epicentro de nuestra soberanía parece no querer darse cuenta de que hay problemas estructurales que no admiten demora para construir un futuro de esperanza para España. Y aquí es, donde junto a la moderación, también se impone la eficacia. 

Apunto dos realidades que no se están colocando sobre la mesa y que definirán cómo seremos en el futuro a corto y largo plazo. Empiezo por unos jóvenes definidos por su disidencia con el sistema tradicional. Desconectados de la política y, sin embargo, abrumados por lo que ocurre con el medioambiente. Jóvenes hiperconectados y pendientes del mundo on line en el que encuentran su gran cobijo. Jóvenes que son paradigma de una nueva soledad.  

En una década (2010-2021) los emigrantes españoles han pasado de ser 1,4 millones a 2,6 millones. El incremento, además de cuestiones demográficas, obedece a la diáspora protagonizada por los denominados millenial al inicio de la crisis económica. Una sociedad como la nuestra no se puede permitir perder a un número de habitantes similar a toda la población de Castilla y León y menos si pensamos que estos ocupan puestos de responsabilidad en países vecinos. ¿Allí son válidos y aquí no?  

Y relaciono esta situación con otra que no admite demora. España cerró 2021 con la destrucción de casi 30.000 empresas volviendo a los niveles de 2013. Muchos se escudarán en la crisis económica que afecta a todos los países occidentales, otros lo achacarán al COVID-19, otros a la guerra de Ucrania. Este entorno y la amenaza permanente de las grandes compañías a salir de nuestro país no ayuda a sentar las bases del futuro al que legítimamente esperamos. 

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