El cambio requiere más que una simple declaración. Anunciar el cambio es un paso importante, pero implica ir más allá: abrir a un proceso profundo de análisis reflexivo y a acciones concretas sostenidas en el tiempo, midiendo impacto. Solo cuando estas acciones producen resultados sobre el entorno (o sistema), hablamos de liderazgo transformacional. 

La Unión Europea es hoy, con sus bemoles, la mayor fortaleza de estabilidad, paz y prosperidad de la Historia. El liderazgo europeo de las últimas décadas constituye un ejemplo de transformación del sistema hacia el progreso. 

A pesar de conformar uno de los tres polos económico-comerciales del mundo, la UE se encuentra en una profunda encrucijada. El bloque es hoy un gigante económico y normativo, pero la cooperación-rivalidad entre Estados Unidos y la República Popular China –eje central de la Geopolítica actual– y las amenazas externas (Rusia, Magreb, Sahel) le colocan ante importantes desafíos, y oportunidades. 

La Seguridad y la Defensa común constituyen uno de los ejes de posibilidad para Bruselas. Allí se juega no solo su propia seguridad, sino su prestigio e influencia en el mundo (Otro eje: su transformación verde, que hemos abordado). 

La UE cuenta con países con peso específico en materia de Defensa: Francia, Alemania, España, Italia, Polonia, Holanda. En datos empíricos, posee más de 1.500.000 de militares de carrera, sumando las fuerzas país por país. Sin embargo, enfrenta importantes dificultades para contener de forma efectiva al desafío de Rusia, como ha manifestado recientemente Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, sobre Bielorrusia. 

OTAN y Autonomía Estratégica, de la mano

“Europa está en peligro y por tanto necesitamos una defensa mucho más coordinada”, explica Borrell. “Si sumamos el gasto en Defensa de los 27 miembros de la UE, invertimos 3 o 4 veces más que la Federación Rusa, y un monto similar al de China, pero no con los mismos resultados”, detalla. “Necesitamos desplegar fuerzas militares; actuando juntos podríamos dar respuestas muy distintas ante las crisis”. 

No estamos reduciendo aquí la importancia y la capacidad de la Alianza Atlántica. Por el contrario. Pero la defensa de la OTAN es insuficiente. Basta con observar Ucrania, Bielorrusia, el Magreb y el Sahel. Washington está concentrado sus esfuerzos en el Indo Pacifico, por tanto, Bruselas necesita una cadena de mando, de Fuerzas y de armamento propio. Precisamente para profundizar el vínculo con Washington y la misma OTAN (que en junio de 2022 celebra su Cumbre en Madrid), Bruselas debe fortalecerse. Así de simple. 

La discusión entre la OTAN versus autonomía estratégica es la excusa para no avanzar. No puede haber una sin la otra. Los teóricos de las Relaciones Internacionales lo saben: las potencias respetan la fuerza. La disuasión funciona. Es la debilidad de Bruselas lo que incrementa sus amenazas en el Este y al Sur, por actores que perciben y buscan penetrar en sus puntos flancos. 

La guerra híbrida a través de campañas de desinformación existe desde tiempos milenarios y hoy está siendo utilizada con mayor sofisticación por actores que buscan la desestabilización y promover violencia en las sociedades europeas democráticas (vía fake news, trolls, digital bad actors y operaciones de inteligencia). Al percibir debilidad, el próximo paso podría ser la intervención militar y la ocupación con tropas de las fronteras mismas de la UE. 

Quienes se manifiestan en contra de la autonomía estratégica militar–que aquí vemos en complemento con la fuerza de los Estados y de la OTAN– afirman que construir un Euro-Ejército hará que afloren las diferencias y los conflictos entre Alemania y Francia. Pero discrepamos: ésta es una lectura desde la pasividad y la escasez. Es cierto que la salida del Reino Unido, un país muy importante militarmente, ha debilitado al bloque. Sin embargo, los principales ejércitos (con más de 100 mil soldados) podrían hacer la diferencia actuando juntos. 

El eje franco-alemán, como en el periodo de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, debe aprovechar el espacio abierto por la Geopolítica y liderar invirtiendo mayores recursos. París está por la labor, y el nuevo gobierno en Berlín podría sumar su propio liderazgo en este sentido. Involucrando a España, Italia, Polonia, Grecia, República Checa y Holanda. 

En el liderazgo transformacional, el eje gira sobre la acción y los resultados: no sólo actuamos de acuerdo a cómo somos, también somos de acuerdo a cómo actuamos. Es decir, solo a través de las acciones logramos resultados (medibles) y modificamos así las percepciones que los otros tienen de nosotros. 

Bruselas ha declarado su deseo de cambio y procura la autonomía estratégica. Percibe las amenazas cerca de su frontera. Entre Minsk y Vilna hay sólo 190 kilómetros. 

Invertir en un Ejército europeo tendría beneficios políticos, de disuasión y le devolvería el prestigio que tanto necesita Bruselas en el marco de la cooperación-rivalidad Washington-Beijing. Además, podría servir para dinamizar sus capacidades tecnológico-industriales, donde posee importantes corporaciones como Airbus, Safran, Thales, Dassault, Leonardo, Damen, Navantia, entre otras. Y fortalecer de este modo a los clusters de aviación, defensa, infraestructura, ciberseguridad, sistemas marítimos, electro-óptica y satélites. 


Bruselas: ejercer el liderazgo global requiere hablar con el lenguaje del poder, invertir y transformar el entorno a través de la acción. En síntesis, Si Vis Pacem, Para Bellumn, si quieres la paz, prepárate para la guerra.

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