La ficción no sólo imita a la realidad, sino que, además, dialoga con ella de manera fluida. La vacunación de la Gallina Caponata ha desembocado en una disputa política en las redes sociales y los medios de comunicación estadounidenses.El famoso pájaro de Barrio Sésamo anunció el pasado 6 de noviembre que había recibido la vacuna del COVID-19 para proteger su salud y la del resto de personas y personajes que le rodean. La iniciativa tenía una clara vocación didáctica que no ha sentado nada bien a los sectores más rancios de la sociedad norteamericana. El senador republicano Ted Cruz respondió al ave que sus palabras eran “Propaganda del Gobierno… ¡dirigida a niños de cinco años!”. Joe Biden, en cambio, aprovechó la circunstancia para felicitar al pájaro y reivindicar que la vacunación es la manera más efectiva de defendernos frente al virus. 

La polémica de la Gallina Caponata se ha producido poco después de que el dinosaurio Frankie interviniese en la sede de la ONU. La bestia prehistórica generada por ordenador fue el protagonista de una campaña de las Naciones Unidas sobre el calentamiento global. Se presentó como profesional de la extinción y ofreció un discurso sagaz dirigido a la ciudadanía y, sobre todo, a sus dirigentes. “Avanzáis hacia el desastre climático. Cada año los gobiernos continúan gastando miles de millones en subsidios a los combustibles fósiles. Es como si nosotros hubiéramos dedicado miles de millones a financiar el meteorito”. La exposición de Frankie finalizó con una propuesta radical: “Esta es mi idea: no elijan la extinción. Salven a su especie antes de que sea demasiado tarde. Es hora de que ustedes, humanos, dejen de poner excusas y comiencen a provocar cambios”.

No es la primera vez que un personaje de ficción protagoniza una campaña de las Naciones Unidas. En el año 2016, la ONU nombró a Wonder Woman embajadora honorífica a favor de la igualdad de género. La elección tenía sentido, ya que se trataba de un personaje fuerte que había nacido en 1941 con la clara intención de transgredir los tópicos machistas y difundir los valores del feminismo entre los más jóvenes. No obstante, poco después del nombramiento, la organización retiró el título a la superheroína porque su representación “de mujer blanca con pechos exuberantes, proporciones imposibles y traje escueto” no eran del agrado de una parte importante de la audiencia. 

La misma estrategia se repite una y otra vez. La política recurre a prescriptores ficticios para hablarnos de realidades que, de otro modo, pasarían más desapercibidas. Lo hace porque la ficción no sólo nos interpela de manera más efectiva, sino que también nos transmite más verdad que la mera sucesión de acontecimientos trágicos que todos los días pueblan las noticias. 

No es casualidad que los seres humanos nos refiramos a nosotros mismos como “personas”, una palabra que, etimológicamente, remite a las máscaras que se empleaban en el teatro clásico. Todos nosotros somos personajes de una gran obra que se prolonga a lo largo de una vida. Así, se explica que nuestra relación con las ficciones haya sido siempre tan estrecha. 

Las historias de Billy Wilder, Luis García Berlanga, Ernst Lubitsch… son verdades importantes. Lo que nos cuentan la Gallina Caponata, el dinosaurio Frankie y Wonder Woman, también. 

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