La vieja estrella

Era la estrella más vieja del universo. Una anciana provecta, sabia y discreta. Y al fin, cuando sabemos de ella, lo que vemos en su reflejo en el tiempo. Hace mucho tiempo que ya no está. Se murió.

Para dimensionar nuestra existencia siempre acudo a una cita de Sagan que venía a decir que los humanos somos el resultado magistral de la mezcla de polvo cósmico evolucionados hasta convertirnos en seres pensantes que contemplan las estrellas.

Da un poco de vértigo, como sucede con todo lo relacionado con el universo. Supongo que ese es uno de los motivos por los que no queremos enredarnos con pensamientos estelares complejos. Circunscritos en la burbuja de la existencia todo es más seguro.

Mirar hacia arriba. Pensar en términos cósmicos. Todo eso saca a relucir la pobreza de nuestra evolución. Los tópicos de los últimos días son un triste ejemplo. El sueldo embargado de un político por no pagar una obra en su casa. Un actor desencajado dando una bofetada a otro actor que se descubre como mejor encajador que humorista. El parte de una guerra real convertida en banda sonora de la cotidianeidad. El parte de una guerra impostada definida por estanterías vacías de sentido común. Mucho deporte. Y más política. Y cuando todo parece controlado, otra sacudida: los cuerpos de la atrocidad humana de Buchan. Intervención de Zelenski en el Congreso. Mención al bombardeo de Gernika y vuelta a empezar. Si Paracuellos. Si nazis. Si Zelenski malo. Si Benzema bueno. Rediós.

Y por debajo de este mogollón, otro movimiento de comisionistas patrióticos. Gente de bien que se saca unos cuartos a costa del sufrimiento del común. Reinterpretación sumaria de la empresa familiar: hermanos y primos como conseguidores de material de primera necesidad. Billetes, que no dejan de ser papeles de colores, en una mano. Muertos, que no dejan de ser materia orgánica, en otra. La balanza de la justicia está en huelga y los pasillos de la conciencia, huérfanos de bondad.

Pobre polvo cósmico.

Los hashtags son perfectos para definir nuestra parca mirada. Sucede lo mismo con el control de caracteres. No conviene escribir mucho si queremos atraer la atención. El brillo de nuestro perfil digital es tan breve como insustancial. Nada que ver con la vieja estrella. De ella nos siguen llegando ecos de su esplendor, de su grandeza. De lo nuestro, de nuestros deseos, nuestras ambiciones, nuestras pobrezas y nuestras esperanzas nadie hablará apenas muertos. Aún torturados. Aún con las manos atadas a la espalda. Aún expuestos al horror en prime time. El hombre sin vida junto a su bicicleta caída. Podría ser un velero de comisionista. O un deportivo de emprendedor. Todos tan efímeros. Tan insustanciales. Tan proclives al olvido.

Da que pensar.