Los entrenadores de fútbol son los filósofos del siglo XXI. Hace unos días, Pep Guardiola expresaba una visión dramática sobre la guerra de Ucrania. Apenas digerida, su gran rival deportivo, Jürgen Klopp lanzaba unas reflexiones todavía más explosivas. Le preguntaban por la hipotética desaparición del Chelsea como consecuencia de los embargos acometidos contra Abramóvich: “todos sabemos de dónde viene el dinero y no decimos nada, todos somos culpables, el Chelsea no tiene culpa, la culpa es de todos nosotros”.

Matizo, no todos los entrenados de fútbol son filósofos. Lo son los extranjeros de la premier inglesa. Pagan mejor que nadie y se llevan las mejores cabezas. Y este proceso básico del capitalismo introduce de lleno las vergüenzas del sistema que ahora asiste demudado a las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania.

Todo empezó con Fukuyama. Se le ocurrió una idea original, la desarrolló y la bautizó como el fin de la historia. Sus principios son conocidos: caído el bloque soviético, el mundo globalizado alcanzaría una globalización dorada gracias al capitalismo, un desarrollo sin igual en la historia de la humanidad, un progreso económico y tecnológico donde no habría lugar para las guerras.

El libro de Fukuyama se publicó en 1992. Desde entonces parte de sus vaticinios se han cumplido como la hegemonía del capitalismo, el triunfo de la globalización o el progreso tecnológico. Otras no. Ha habido un buen puñado de guerras, el capitalismo con esteroides ha generado un par de crisis económicas de las que hacen temblar el mundo y, la más importante, el bloque soviético no estaba derrotado solo se estaba reconvirtiendo.

Durante las dos últimas décadas Rusia y, sobre todo, China se han alimentado de la horonda debilidad occidental. El capitalismo hegemónico tras la guerra fría es un capitalismo oportunista, especulativo, alejado de las bases productivas. Esto es, Occidente (EEUU y la UE) dejaron de fabricar y de innovar (de verdad) y prefirieron externalizar el trabajo y necesidades básicas -como la energía- a esos países.

La pandemia adelantó los problemas productivos y logísticos que enfrentaba Occidente por su dependencia de China. Los famosos microchips. Pero tan solo era la punta del iceberg. En 2021, mes a mes, Occidente ha ido recogiendo las tempestades que con tanto esmero ha cultivado en forma de vientos durante dos décadas. Así, mientras nosotros engordábamos con los Eloi descritos por Herbert George Wells en su novela La Máquina del Tiempo, China y Rusia se afilaban como los Morlock de la misma historia.

Ahora nos encontramos en el punto de que queremos la PAZ de los Eloi mientras que Putin tiene en mente la GUERRA de los Morlock. No quiero hacer spoiler.

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