Las redes son la caja de Pandora de nuestra sociedad. Los medios disponen un espacio editorial muy ordenado y sujeto a reglas herméticas y las redes revientan el discurso reglado con absoluta inmediatez. En pleno cierre de congreso itinerante del PP, el tópico del sábado 2 de octubre era el advenimiento de Carmona como vicepresidente de Iberdrola. La noticia era adelantada por OK Diario, pero no tuvo recorrido en el conjunto de la prensa hasta 24 o 48 horas más tarde. Y mientras los medios debaten como confirmar, enfocar, tratar por enésima vez el tema de las puertas giratorias, ahí están las redes, ardiendo con pasión eléctrica. La entrada de Carmona no ha sentado bien a la sociedad empoderada en las plataformas comunicativas. En sus comentarios queda poco espacio para la imaginación. La gente está quemada por un discurso público de interés general que se convierte en privado de interés para unos muy pocos tan pronto como se apagan las luces de esas tertulias agitadas que llenan de ruido nuestros crédulos cerebros.

Vivimos en una permanente escala de grises, donde las sombras han perdido miedo a la luz. El consultor de referencia, Ivan Redondo, se marca un Évole (perdón, fue al revés) para mayor gloria de si mismo. Esta profesión siempre ha sido tierra de profetas, pero los milagros de Ivan –in my personal opinión– Redondo, quedaron expuestos como trucos de magia para iniciados. Mal negocio para él, para el sector de la consultoría y para el mundo de la empresa al que se debe. Al menos hasta ayer, hoy el mundo es Redondo y los terraplanistas están crecidos. 

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